CIRO Y YO UNA PELÍCULA OBLIGADA PARA ENTENDER LA GUERRA Y ABRAZAR LA PAZ

Al ver una película como “Ciro y yo”, el corazón se parte. Su historia es tan profunda e intensa que transmite toda la sensibilidad a la audiencia.

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              “Yo comprendí que, a través de la historia de Ciro, podía contar la historia de Colombia” 

#1 I Ciro Y Yo

“Ciro se ha enfrentado a una sociedad descompuesta con honestidad y humildad y me ha enseñado que no importa lo dura que sea la vida, siempre hay que seguir.” #perdónSIolvidoNO Estreno 25 de enero.

Posted by Ciro y yo on Wednesday, December 27, 2017

El teatro se llena, las luces se apagan y la pantalla se enciende. En el fondo, una bellísima proyección de Caño Cristales en donde Ciro está nadando. El momento de perfecta paz y libertad no dura mucho porque de repente y sin preparación alguna, la tragedia llega, explota y nadie está preparado para el impacto.

 

Foto cortesía

Para resumir Ciro tiene tres hijos, el primero es tragado por un tipo de remolino de 9 metros ante los ojos del Miguel Salazar, el director que luego contará la historia. Este hecho lo une a Ciro de por vida y lo impacta para siempre. El segundo, Memín, un pequeño y carismático niño de 13 años que es reclutado por las Farc durante el tiempo en el que el Meta se volvió invivible porque se había convertido en el hogar de este grupo.

Memín intentó regresar, pero, aunque lo hizo, nunca lo hizo. Es decir, regresó a la casa, estuvo con su familia, pero la información que poseía lo convirtió en una pieza clave, en principio para la policía y luego para los paramilitares. Y al final, toda esa información que poseía, sólo lo condujo a una muerte muy anunciada.

Sneider, Anita,”memin” y Ciro / Foto cortesía

Es así como la tragedia vuelve a tocar a la puerta de Ciro, esta vez con su segundo hijo. Pero todo continúa. Ahora, con su tercer hijo, quien muchos años después, en Bogotá y desesperado por no conseguir trabajo, acepta un trabajo que no era otra cosa que ser parte de un grupo armado ilegal. Logró escapar, pero no regresó siendo el mismo, la zozobra y el temor de alguien que se le escapa a la muerte es como vivir en medio del infierno. La madre, Anita, cansada de una desdicha que parecía no querer dejarlos, tampoco lo soportó y su espíritu se debilitó tanto que murió. Nuevamente la tragedia asediaba la vida de Ciro.

Foto cortesía

Esto es una historia triste, de muerte y de guerra, pero también de reivindicación. Para el director y amigo de Ciro esto era una historia que se le debía contar al país, porque de manera particular, se recrea la historia de Colombia. Su intención nunca fue hacer una película sobre la guerra, para Miguel se trató la construcción de una canción a la paz.

Una historia que hasta hace unos años, jamás hubiera podido ser contada, pero ahora, en la época del post conflicto y de la justicia transicional, este viaje al pasado es más que necesario si se quiere construir memoria y hacerlo de manera digna. Para el director, mostrar el sufrimiento de Ciro, es necesario porque la gente necesita saber que esto (la guerra) es real, que la gente llora, siente y le duele.

Un gran trabajo de investigación

Durante la película, el director logró recrear muchos de los momentos más trágicos de la vividos en Colombia. El desplazamiento, los bombardeos, los heridos, el derramamiento de sangre que sucedió no hace mucho tiempo. Para esto, usó una gran cantidad de imágenes de archivo, que recolectó tras una exhaustiva investigación. Visitó todos los noticieros, el archivo fílmico y todos los lugares que le dieron la posibilidad de nutrir su historia hasta hacerla visualmente realista.

Por otro lado, su archivo personal le permitió crear imágenes muy bonitas para el documental. Miguel Salazar dice que se trata de un trabajo casi análogo, pues tenía fotografías de hace más de 10 años y archivos de audio grabados con una grabadora de casete.
Pero sin duda, lo que logró unir todas estas piezas de manera perfecta fue la música, a cargo de Camilo Sanabria. En su intención, lo que se planteó fue algo muy simple: “mostrar un hombre roto que está tratando de construir nuevamente las partes”.

Foto cortesía

Perdonar sí, olvidar no

“Hay gente que quiere conocer la verdad, pero no está dispuesta a perdonar”, dice Miguel. Esta es una gran verdad que se evidencia ante los ojos de muchos. Pero la realidad es que las verdaderas víctimas del conflicto son los que más piden a gritos la paz. Son los que creen que el país puede avanzar, seguir adelante y perdonar. No hay un discurso lo suficientemente válido como para reemplazar la humanidad con la que Ciro cuenta su historia y la entrega a un país que parece que se rehúsa a perdonar.

Foto cortesía

El largometraje de Miguel Salazar, es pues, un grito necesario. Es una muestra del poder que tiene el cine, en su función de crear memoria, de destapar verdades oscuros e incomodas que necesitan saberse en el camino a la reparación.

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